TCA: ¿Comer o no comer? No es tan simple la cuestión

TCA: ¿Comer o no comer? No es tan simple la cuestión

2 febrero, 2021 Sin categoría 1

La base de los llamados TCA (trastornos de la conducta alimentaria) es un fallo de regulación y gratificación del sistema nervioso. La mayor parte de las veces producidos por un fallo de apego (trauma relacional) falta de conexión y/o afecto, o por experiencias físicas muy traumáticas.

La mala relación con el alimento y el propio cuerpo es la forma en la que se manifiesta un estado de angustia, soledad y desvalorización profundo. La anorexia es el intento fallido, basado en la restricción, de controlar lo que alguna vez fue incontrolable (sensación de desvalorización, abandono, perdidas). La bulimia es el intento fallido, basado en el impulso, de calmar aquello que me desborda (sensación de soledad, confusión, vacío y rechazo).

Anorexia y bulimia

La anorexia funciona como una adicción a «estar activo» para NO SENTIR-me y la bulimia funciona como una adicción a «desconectarme» para NO NOTAR-me, o «CASTIGAR-me» cuando al notarme rechazo.

La mala o ambivalente relación con la comida es la carta oculta de presentación de una gran parte de la población (especialmente femenina) que tiene el rechazo, la desvalorización y el vacío existencial corriendo por sus venas.

¿Cómo puede ser?¿Cómo se nos monta este circo de los horrores dentro? Este post puede ser infinito, pero me doy con un canto en los dientes si consigo daros un sencillo boceto que os aproxime a la compleja ilustración de los llamados trastornos de la conducta alimentaria.

Como el mismo post dice, comer o no comer, son intentos desesperados de recuperar el equilibrio interno, algunas entenderéis equilibrio como control y otras como calma. Los dos titulares estrellas con los que se suelen coronar estos complejos entramados bio-psico-sociales, familiares y culturales son ANOREXIA y BULIMIA.

En mi experiencia clínica, nunca he trabajado con una paciente que tuviese la clínica y el diagnóstico de anorexia, pero si con mujeres que han pendulando durante años de la impulsión a la restricción y viceversa. Así que hablaré de partes. Llamaré parte restrictiva cuando haga referencia a los patrones cercanos a la que conocemos como anorexia y parte impulsiva cuando aborde los patrones relativos a la bulimia.

Para poder entender bien la complejidad de la enfermedad como forma de supervivencia, es muy importante que comprendamos el concepto de disociación, así que os invito a que busquéis los post donde hablo de este fenómeno como recurso extraordinario del cuerpo para gestionar el dolor físico y emocional.

El rechazo al cuerpo y la disociación

Imagina que sientes angustia, mucha angustia, confusión, vacío y cosas desagradables… Imagina que te sientes desvalorizada, abandonada o sucia… Ahora imagina que, quien te ha hecho sentir así, es alguien a quien no puedes cuestionar, porque le necesitas para sobrevivir, o porque le quieres (aunque una parte de ti también le/la odia) y tú no puedes hacer nada para cambiar esa situación y no puedes frenar esas experiencias. En este contexto, nuestro sistema hace un esfuerzo extraordinario por mantenernos estables a través de diversos mecanismos:

1. Disociar: “Cuando el cuerpo no puede escapar, la mente busca como no estar”.

Son los clásicos “no me reconozco en mi cuerpo”, “no me siento”, “no me puedo mirar”, “no quiero estar en este cuerpo”, “es como si esta parte de mi no fuera mía”. Muy habituales en situaciones de abuso sexual o en familias con muchísima ambivalencia y confusión relacional.

2. Proyectar: Yo (niña) no puedo cambiar lo que mis padres/cuidadores me hacen sentir, pero mi mente puede venir a auxiliarme creando una fantasía que sea una especie de luz al final del túnel.

“Si eres delgada te tratan mejor”, “si cambias tus piernas te elegirán”, “si tengo más/menos pecho me sentiré mejor”.

Es más fácil cambiar algo tangible que una experiencia emocional. Pero como os podéis imaginar, el cuerpo no es el problema, es sólo la diana que me permite concretizar mi sensación de falta de valor. Proyectar o concretizar nuestro dolor en una parte de nosotras, nos da sensación de capacidad y control,  o la famosa “defensa universal” : “lo malo está en mi”, “soy indigna”, “soy culpable”, “ soy sucia”…

3. Tratar de regular: Tenemos múltiples estrategias para calmarnos, lo ideal es que en los primeros años de vida, alguien le enseñe eso a nuestro cerebro para que luego él lo sepa hacer solito de manera automática manteniéndonos estables la mayor parte del tiempo, pero cuando esto no pudo ser, damos paso a las “estrategias artificiales”.

Dejadme que os diga que los seres humanos somos tan únicos como similares y de la misma forma que los hombres tienden a desarrollar adiciones, conductas antisociales, acciones de riesgo y violencia en busca de paz y dopamina; las mujeres tenemos predilección por la comida y las relaciones tóxicas. Hoy voy a hablar de TCA pero la dependencia emocional es su prima hermana. La alimentarnos son una de las primeras estrategias que prueban nuestras madres cuando de bebes nos desregulamos (¿Será que tiene hambre?). La estrecha relación de la ingesta con el placer y el sueño no es cuestión de magia, es neuroanatomía, todas ellas dependen del hipotálamo.

Regularnos mediante la restricción

No comer nos vuelve hiperactivos, nos hace sentir capaces y poderosos “llego a todo” o “puedo controlarlo todo”. Esta adicción a la actividad actúa como un calmante a la ansiedad de base: “Mientras estoy activa, no contacto con la angustia de…». De esta manera, esta parte restrictiva del ser, se centra en protegernos del dolor con un precio muy alto: alejarnos de todo lo placentero. No va a estar permitido todo lo que no tenga una recompensa en términos de rendimiento y control = reconocimiento y resultados.

Esta circunstancia hace que el pensamiento empiece a deformarse volviéndose rígido y obsesivo, y el cuerpo será la imagen de este secuestro mental sin acceso a los placeres de la vida terrenal. La gravedad está en que la persona se identifica con esta parte llegando a sentirse orgullosa de su “gran capacidad”. Relacionado con el apego desorganizado, en su versión evitativa (no hay conexión, falta afecto o cuidadores orientados a los resultados /muy racionales/ intelectualizados)

Regularnos mediante la impulsión

Esta es la estrategia estrella de las mujeres en nuestra cultura. Esta profundamente relacionado con el apego ansioso, preocupado y en sus versiones más graves, también con el apego desorganizado, llegando a ser parte de lo que conocemos como trastorno limite de la personalidad.

Si recordáis en el apego ansioso, el/la niñ@ nunca se llega a calmarse debido a la inconsistencia de sus cuidadores (no se puede fiar de ellos) de tal forma que necesita de manera compulsiva la conexión. No han llegado a sentir que su interior es un lugar seguro y confortable, por lo que necesitan de otros (dependencia emocional) sucedáneos o recursos artificiales (como la comida) para intentar calmarse.

Al contrario que la parte restrictiva, la impulsión se vive como algo vergonzoso, oculto que no quieres que nadie conozca y esto alimenta la creencia desvalorizada de “soy defectuosa”. Los llamados atracones aparecen como el intento desesperado de dejar de sentir angustia/ansiedad. Porque cuando comemos con mucha rapidez, el cuerpo entra en una especie de “trance” momentáneo que nos inmoviliza interna y externamente.

En ocasiones pueden también ser el resultado de un entramado más complejo donde la rabia mal gestionada y la culpa se organizan para imponer un autocastigo. Para esta parte, la vida es un bucle del que es muy difícil salir, en el que se repite una frecuencia infinita donde danzan la restricción (¡hoy ya empiezo la dieta!) y la parte impulsiva (¡no puedo más! Necesito el atracón).

Cada una de estas partes necesitan hacer un trabajo diferente, del que os hablaré en loa próximos posts.

Cynthia Santacruz.

Una respuesta

  1. Beatriz dice:

    Gracias por poner en palabras sabias lo que llevo trabajando muchos años,me reconforta entender un poco más

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