Mamá/Papá… ¿Juegas conmigo?

Mamá/Papá… ¿Juegas conmigo?

23 julio, 2019 Sin categoría 0

Hace unas semanas tuve un momento ¡EUREKA!: Uno de esos instantes en los que encuentras sentido a algo y te llenas de VERDAD. Yo me considero una buscadora, y el que busca… ¡ENCUENTRA!, pero la mayor parte de las veces esto no supone, un momento de júbilo, ni musiquita de campanas. Al revés, es más bien un: “¡Qué difícil es ser madre! ¡Cuántas cosas no recordaba de haber sido hija!”. En esta ocasión el tema era:

La calidad del tiempo con mis hijas: El disfrute

Siendo madre tienes prácticamente a diario una buena lista de cosas para replantearte. Desde el clásico “¿lo estaré haciendo bien?” hasta, como en este caso, meditar sobre cómo me perciben y más profundamente qué legado estoy dejándoles a mis hijas: ¿cómo les estoy enseñando que se vive la vida?, ¿cuánta coherencia hay entre lo que les digo y lo que les muestro?. En fin, ¡imaginad! una de esas tareas “sencillitas” para pasar la tarde. Estar viva, despierta y ser madre, son importantes motivadores para pasarte la vida replanteándote el universo.

No era la primera ni la última vez que lo hacía y que lo haré. Todo comenzó con un gesto cotidiano y sencillo. Mi hija pequeña (4 años) se acercó a mí, y me dijo: mamá, ¿juegas conmigo?. Y yo, respondí: “¡Claro! En cuanto termine de preparar estas cosas, y recoger esto otro”. Ella me miró con cara de pena me dijo: “ ¡NO! ¡Ahora mamá!”. Su hermana remató la jugada con un: “siempre tienes cosas que hacer”. MADRE TOCADA Y HUNDIDA. Me giré, miré a mis hijas y les dije: “Es verdad, lo siento, a veces se me olvidan las cosas importantes”. Seguidamente me senté a jugar con ellas.

Jugar con nuestros hijos/as es un asunto urgente si y sólo si…

  • Quiero que aprendan que DISFRUTAR ES ALGO PRIORITARIO:

El trabajo de los niños es jugar, explorar, experimentar, pero ACOMPAÑADOS de nuestra mirada, nuestro permiso, nuestra sonrisa. Lo que hace que la experiencia de juego sea deliciosa es COMPARTIRLA. Como madre, confío en que serán responsables y se harán cargo de sus quehaceres (porque eso también se lo estamos enseñando) pero deseo que:

Los “debo” – no ganen a los “QUIERO”.

Los “me gustaría PERO”- sean relegados por los “VOY A HACERLO”.

Los “ojalá” – dejen paso a los “¡POR QUÉ NO!”.

  

  • Quiero que experimenten que VIVIR es AGRADABLE, incluso cuando te haces mayor.

Recuerdo a menudo un caso que atendí hace unos años. Era un niño de 10 años, llamémosle «Pedro». Su familia consultaba desesperada porque no se hacía cargo de sus tareas. Él sólo quería JUGAR todo el tiempo. Sus padres esperaban que yo le ayudase con su “problema de inmadurez”. Dejadme que os diga que el niño era un absoluto sabio. Sus padres vivían enfrascados en las responsabilidades y el trabajo, su hermano mayor era brillante para sus padres, (porque era como ellos) todos bien grises, bien ocupados y bien preocupados. El pequeño Pedro estaba perdiendo el curso, y empecé a indagar con él, cómo podría hacer para proteger su necesidad de juego y disfrute sin perjudicarse de esta manera, ya que iba a repetir. Y aquí fue cuando él me dijo “es que yo no quiero hacerme mayor, Cynthia. Yo no quiero estar como mis padres y mi hermano”. Yo me quedé con cara huevo con la capacidad del niño para poner palabras, y me faltó decirle: “¡no me extraña!”.

Pedro en realidad no tenía ningún problema de inmadurez. Al revés, estaba protegiéndose de la angustia de ser “el tuerto en el mundo de los ciegos”. Estaba lleno de verdad y de creatividad. Sus juegos, sus mentiras, eran perfectos mecanismos para desconectar del angustioso mundo GRIS en el que vivía su familia.

  

A la mayoría de los adultos se nos ha olvidado jugar. Una gran parte de nosotros vivimos programados para satisfacer necesidades propias o ajenas, que no forman parte de nuestra realidad sentida. Perdemos consistencia y nos desvitalizamos cuando nuestra vida es un mero procedimiento de supervivencia en vez de un acto de coherencia con nuestros deseos y nuestras necesidades más profundas.

Te propongo un ejercicio:

  • Por favor, detente un momento y busca en tu almacén de recuerdos cómo eran tus adultos de referencia. Eran personas disponibles, disfrutonas, divertidas, que se permitían los pequeños o grandes placeres de la vida. Personas presentes en tus juegos y tus aventuras. O por el contrario eran personas preocupadas, estresadas, con muchas responsabilidades. Personas que vivían siempre en la urgencia (o lo que es lo mismo, sobrevivían) y no tenían tiempo para jugar ni contigo, ni con nadie.
  • Ahora piensa cómo fue eso para ti. Cómo esa energía de VIDA, o SUPERVIVENCIA, entró en el niño o la niña que fuiste, y se codificó como un procedimiento llamado “así se hacen las cosas, así se resuelve la vida”.
  • Por último, si eres mamá o papá ¿Cuánta de esa memoria antigua aparece en la crianza de tus hijos? ¿Cómo se ha materializado esa experiencia infantil en tu vida adulta?.
  • Quiero que sientan que ESTAR CON ELLAS ES MARAVILLOSO.

 

Que su padre y yo las elegimos, que son dignas de amor. Y esto, no es algo que se diga, esto se hace. Con presencia, con tiempo compartido, facilitando un andamiaje y un espacio de experimentación compartido.

Hay un hecho indiscutible: Nuestros hijos irradian felicidad cuando les dedicamos tiempo de calidad. Cuando logramos crear ese equilibrio llamado sintonía que consiste en haber atendido nuestras necesidades para poder atender en total presencia las suyas.

Quiero dejarles un buen cajón de herramientas NEUROBIOLÓGICAS para estar en el mundo.

No puedo terminar este post, sin un poquito de ciencia; Hoy sabemos que el cerebro social, se desarrolla y se vuelve experto fundamentalmente a través de una actividad para la que todos venimos programados como especie. ¿Imagináis de qué se trata?

EL JUEGO:

Stephen Porges en sus postulados sobre la Teoría Polivagal, expone que en la arquitectura del nervio vago existe una rama encargada de regularnos internamenete sin necesidad de activar el Sistema Nervioso Simpático (sistema de alerta). Añade que esta vía encargada de ese “equilibrio interior” a la que él ha llamado SISTEMA DE IMPLICACIÓN SOCIAL, se mieliniza y se convierte en un recurso interno mediante el contacto de calidad (apego seguro) y las oportunidades de JUEGO.

Cuando jugamos con nuestros hijos les brindamos la oportunidad de construir un sistema nervioso más sólido y capaz de afrontar las adversidades de la vida. Les dotamos de un mecanismo de regulación que les permitirá sentirse más serenos y estables.

Panksepp estudió la neurociencia de los afectos. Habló de las emociones como procesos cerebrales primarios que contienen su propio valor adaptativo, una sabiduría ancestral que conserva nuestra especie. Sería algo así como: “nuestras emociones son inteligentes, y poseen un programa propio fundamental para la gestión de nuestra vida”. Además, son independientes de los sistemas de pensamiento. Dentro de su trabajo con los sistemas primarios (las emociones), definió aquellos que eran comunes a todos los mamíferos ¿Y adivináis lo que encontró?.

Todos los mamíferos venimos programados para JUGAR. El juego de contacto empieza siendo uno de los principales motores de conocimiento y experimentación de nuestro cuerpo y el mundo que nos rodea. Posteriormente se convierte en nuestra herramienta de socialización. La mayor parte de las reglas sociales las aprendemos gracias a la estimulación y a través del juego y la experimentación.

En definitiva, el JUEGO de contacto, es el sistema de arranque del nuestro cerebro SOCIAL.

Estos son solo algunos ejemplos por los que os invito a no olvidar que… ¡Jugar es una asunto urgente! 

Descargar el artículo completo aquí: Mamá/Papá ¿Juegas conmigo?

Cynthia Santacruz.

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